Escolapias

50 ANIVERSARIO DEL COLEGIO SAN JUAN EUDES, CA.

En 1966 se había iniciado la tarea educativa de varios grados elementales en este colegio, llevada a cabo con el ideal y el espíritu totalmente escolapio de M. Paula: Salvar las Familias enseñando a las niña el santo temor de Dios. Escolapias que nos dejaron y Sr. Rosemary Bochniarz, que fue la última directora por más de treinta años, iniciaron la labor que hoy todavía sigue siendo “escolapia”, por el amor que se tiene a M. Paula y por su estilo pedagógico, aún cuando sus directivos, sean educadores seglares. El recuerdo de otras escolapias ha quedado grabado en el historial del centro que, con motivo de estas bodas de oro, lo exhibió por medio de murales y fotografías; la memoria de Escolapias, ahora lejanas o gozando en el cielo, como la de las MM. Isaura Domenech, Laura Menéndez, Encarnación Álvarez y otras se sentía muy viva. Al llegar el cincuentenario, solamente las MM. Guadalupe González y Georgina Gutiérrez forman parte del claustro; hoy, ellas representan dignamente a todas las escolapias que dieron lo mejor de sí mismas en esta comunidad que en sus primeros años, en su mayoría, fue de niños anglosajones. La Misa iba a ser a las 17:30 horas, por lo que tuvimos la mañana para pre-pararnos. A las 16:30 M. Guadalupe, M. Georgina y Sor Daisy se adelantaron para ultimar detalles de la liturgia; ésta fue la parroquial de la víspera dominical, pero aun así, se sentía impregnada del espíritu de la celebración. Fue concelebrada por el párroco P. Gerard Lacomte y expárrocos; el primero elogió en la Misa el servicio dedicado de las Hermanas. Al término de la Eucaristía, siguió la cena que se iniciaba en el atrio, con la invitación a tomar algo en una tarde moderadamente cálida; luego se pasó al salón donde, después de un tiempo, pasamos a servirnos los alimentos; el párroco dirigió la bendición; amenizaba la música; padres de familia, jóvenes y alguna maestra de tiempos pasados llenaban el salón; las escolapias ocupamos dos mesas; M. Guadalupe y M. Georgina se sentaron en la de la Directora. Llegado el momento de dar reconocimientos por parte de la Directora, Bárbara Danowitz, fue impresionante presenciar cómo, al ser llamada M. Georgina, la concurrencia en pleno se puso al unísono de pie, aplaudiendo con entusiasmo; se dijo de ella ser “el alma y corazón del colegio”, especialmente por el hecho de ser la pastoralista desde hace algunos años. Seguidamente, fue llamada M. Guadalupe y los asistentes se manifestaron de la misma manera; a ésta hermana se la reconoció como sumamente colaboradora y trabajadora; se sentía la autenticidad de las expresiones de aprecio y agradecimiento; les fueron entregadas hermosas placas. Siguió el agradecimiento a tres hermanas, exalumnas, que habían organizado la fiesta; la decoración había sido de muy buen gusto; representantes de la ciudad elogiaron altamente la labor del colegio y el padre de una exalumna habló de los logros de su hija como efecto de la educación recibida. Dejamos el lugar a las 21 horas aproximadamente. Al rememorarla, nos referíamos a la fiesta como de estilo “muy americano”, hermosa en muchos aspectos, pero constatábamos que nos dejaba la impresión que había sido utilizada, en gran parte para recabar fondos, por medio de venta pases a la cena y de un gran número de objetos para subastar, pero esto también estuvo bien, porque un colegio necesita siempre recursos. Damos gracias a Dios de que una obra más, en el mapa escolapio, haya permanecido a través de los años y auguramos un futuro bendecido. M. Ma. Dolores Ruelas, Sch.P.
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