ORACIÓN

AMOR

GOZO

UNIÓN DIVINA

FAMILIA

OBEDIENCIA

HUMILDAD

MARÍA

“Cuando hablo con el Creador que no me interrumpan las criaturas, pues sería muy tonto dejar el todo por la nada.”

 

  “Sed almas de oración, sólo así progresará nuestro amado Instituto."

 

“…La oración es un ratito que tenemos para conversar con el Esposo, para recrearnos con Él.

 

“Al admirar la naturaleza se conmovía: “Dios mío, ¿quién lo haría sino Vos?”

 

 “Salvemos las familias enseñando a las niñas el santo temor de Dios, y que Su Majestad sea glorificado por medio de sus tiernos corazones.”

 

“¡Qué placer me causa, Dios mío, el pensar que en esta hora tantas niñas te alaban!”

 

Cuando salía al jardín se detenía en cada árbol, en cada flor y decía a las que le acompañaban: “Dime, dime, ¿quién sino Dios podía crear tanta hermosura? Sea bendito y alabado el Señor que os ha creado.”

 

“Santo, Santo, Santo, Señor, se os repite en tantas partes…y por tantas niñas. ¡Qué hermoso ha de ser este canto en el cielo!”

 

“Para hacer oración, cerrad los ojos del cuerpo y abrid los ojos del alma”.

 

 “Adiós. Amado mío; yo os entrego mi corazón.” (Al retirarse a descansar se asomaba al Sagrario y decía esta jaculatoria).

 

 “Mira amor mío, yo me voy a descansar; en el Sagrario te dejo mi corazón: que te ame siempre sin cesar…, y cuando yo vuelva mañana por él, que lo entregue hecho un ascua de amor… y que este amor sea sólo para Ti y par tu Madre y mi Madre, la Virgen Santísima… Cuando mi corazón esté dispuesto de esta suerte, entonces, envíame cruces y penas, que todo lo sufriré con alegría… Más, si un instante de mi vida he de dejar de amarte, ¡oh!, entonces, quédatelo; no me lo devuelvas, pues no lo necesito más que para emplearlo en tu amor.”

 

 “¿Es posible, Amor mío, que haya un solo ser que no te ame? Yo no lo comprendo; pero si hubiera alguno, que mi corazón Te ame por él.”

 

 Una hermana que la escuchaba, le dijo un día: Madrecita, qué golosa es usted… Le contestó ella. “¿Me has oído…? En lugar de estar escuchando, podías venir a mi lado, y en vez de un corazón podíamos ofrecerle dos a Jesús.”

 

 Cuando leía o le leían las obras de santa Teresa, juntando las manos y elevando los ojos al cielo exclamaba: “¡Sí, Dios mío! Que muero porque no muero.”

 

 “¡María es nuestra Madre, y la Madre de Jesús! Dime, ¿no te conmueve este pensamiento? ¡ Pensar que somos sus hijas! ¡Oh! Qué alegría experimento de pensar que muy pronto vendrá a buscarme y me llevará en su compañía.”

 

 “Basta, basta; ahora los ojos al suelo y la mirada al cielo. Pensemos un poquito en lo que acabas de leer, pues la lectura espiritual es como la comida que si no se mastica no se digiere bien y si no se digiere no nutre.”

 

 En sus últimos momentos: “¡Ay Madre mía, venid, sí, venid!”.

 

 Cuando por su poca vista no distinguía la luz del Santísimo, exclamaba angustiadísima: “¿Oh Dios mío, cómo os dejan a oscuras!

 

 Cuando sabía que algunas se dormían en la oración, les decía: “¡Cuán ricas sois, pues que no teniendo nada que pedir al Señor os podéis dormir.”

 

 “Infiltrad en el corazón de las niñas el amor a la oración, a l a virtud, regadlos con buenas aguas y darán buenos frutos.”

 

“Loado sea Dios tanto favorece a este Pío Instituto” (crónica de  Vendrell)

 

 “De noche y día le estoy clamando al Todopoderoso” (1ª carta al P. J. Fucile, Sch.P.; se refiere a la aprobación del Instituto).

 

 “Rogaré a Dios par que dé salud a Vuestra Paternidad, para que pueda cumplir mis grandes deseos.”

 

“… Más de mil veces me he encontrado con el espíritu a las sagradas plantas de nuestro Santo Padre, el Sumo Pontífice, desahogándole mi interior y pidiéndole que nos conceda ser unas verdaderas hijas de nuestro glorioso Padre san José de Calasanz” (1ª carta, P.J. Fucile, Sch.P.).

 

“…Dios, en sus misericordias, se ha dignado acoger propicio nuestra obra…” (2ª carta al p. Jenaro Fucile, Sch.P.)

 

 “Yo no puedo hacer otra cosa que rogar al Altísimo en mis pobres oraciones” (4ª carta al P. J. Fucile, Sch.P.).

 

 “Pido para que se acelere el día en que el Instituto sea declarado digno hijo de la Iglesia” (2ª carta al P. J. Fucile, Sch.P.).

 

“¡Cuándo me uniré con mi Amado y daré un abrazo a mi Santísima Madre la Virgen María!”

“La humildad y la obediencia nos conducirán a la patria celestial, donde tendremos la dicha de ver a nuestro amado Esposo de nuestras almas.”

 

“Hablemos de nuestro Amado (Amor), dejemos las cosas de la tierra, puesto que hemos de ir al cielo.”

 

“Adiós, Amado mío; yo os entrego mi corazón” (al despedirse del Señor en la capilla para acostarse).

 

“Mi Amado para mí y yo para mi Amado (jaculatoria que recitaba al despertarse por la noche).

 

“... La oración es un ratito que tenemos para conversar con el Esposo, para recrearnos con El.

 

En las enfermedades y achaques repetía: “Éstos son los regalitos de mi amado Esposo; ayúdeme a darle gracias.”

“¡Qué alegría hermanas, vernos en el cielo!” (Carta a una novicia).

 

“... El gozo y la alegría que experimenta mi espíritu...” (lll carta al P. Jenaro Fucile).

 

“Dios ha llenado de santo júbilo nuestras almas y enajenado de placer nuestros corazones” (2ª carta al P. J. Fucile, Sch.P.).

 

“... Embargado nuestro espíritu por la fuerza de nuestra gratitud sirve a Dios con toda la expansión de su placer...”

(2ª carta al P. J. Fucile, Sch.P.)

 

 “El gozo de mi alma, no soy capaz de poderlo ponderar con la pluma en esta carta” (4ª carta al P. J. Fucile).

“¿Cuándo me uniré con mi Amado y daré un abrazo a mi Santísima Madre, la Virgen María?”

 

“¡Qué alegría, hermanas, vernos en el cielo!”

 

“Hablemos de nuestro Amor, dejemos las cosas de la tierra, puesto que hemos de ir al cielo.”

 

En su última enfermedad decía al médico: “Ya se acerca mi día feliz, pronto será, Sr. médico.”

 

Poco antes de morir le dijo a un sacerdote que la visitaba todos los días: “¿Qué quiere V. R. para el cielo?”

 

“Mi deseo es verlas allí (el cielo) a todas ustedes; ya se lo puede decir a todas mis Hermanas, que a todas las amo en el Señor.”

 

“La humildad y la obediencia nos conducirán a la patria celestial, donde tendremos la dicha de ver a nuestro Amado Esposo de nuestras almas.”

 

“Vida, no me seas molesta. Ven, muerte, que te quiero y te requiero.”

 

“Salvemos las familias enseñando el santo temor de Dios a las niñas, y que su Majestad sea glorificado por medio de sus tiernos corazones.”

 

“Estamos obligadas a buscar la honra de Dios, a trabajar por el decoro de su casa-Iglesia, y a procurar el sosiego y progreso de la sociedad” (2ª carta al P. J. Fucile, Sch.P.).

 

“En nosotras está el porvenir... Y a tan risueñas esperanzas corresponde nuestra fe, con el fuego de nuestro amor, con la llama de nuestro entusiasmo que arde en nuestro pecho agitada por la mano del Patriarca Calasanz, cuya imitación es nuestra dicha, nuestra esperanza, nuestro consuelo...” (2ª carta al P. J. Fucile, Sch.P.).

 

“Con la humildad y la obediencia nos uniremos a Jesucristo.“

 

“La humildad y la obediencia nos conducirán a la patria celestial, donde tendremos la dicha de ver a nuestro Amado Esposo de nuestras almas.”

 

“La santa obediencia lo ha dispuesto así; ¡hágase en todo la voluntad de Dios!”

 

“Para llegar a la cumbre de la perfección hemos de practicar la santa humildad y la obediencia; con sólo estas dos virtudes nos uniremos a Jesucristo y tendremos la dicha de ver al Amado Esposo de nuestras almas, por eternidades.”

 

Siempre y en toda ocasión repetía: “Hágase en todo la voluntad de Dios.”

 

“La santa obediencia lo ha dispuesto así. ¡Hágase en todo !a voluntad de Dios!”

 

“Con la humildad y la obediencia nos uniremos a Jesucristo.“

 

“La humildad y la obediencia nos conducirán a la patria celestial, donde tendremos la dicha de ver a nuestro Amado Esposo de nuestras almas.”

 

“Para llegar a la cumbre de la perfección hemos de practicar la santa humildad y la obediencia.”

 

“Cuándo me uniré con mi Amado y daré un abrazo a mi Santísima Madre, Ia Virgen María.”

 

En sus últimos momentos repetía: “Ay Madre mía, venid, sí, venid.”

 

“Deseamos ardientemente la bendición de nuestro inmortal Pontífice Pío lX y su suprema aprobación de nuestro Pío lnstituto, en la cual consiste nuestro bienestar, nuestra dicha, y nuestra felicidad, a cuyo fin rogamos fervientemente a Dios, y a nuestra bondadosa Madre, la siempre Virgen María, a fin de ver satisfechas nuestras esperanzas.”

 

En la lectura espiritual siempre que encontraban el nombre de la Santísima Virgen, decía: “Calla, calla, no prosigas... ¡María! ¡María! es nuestra Madre y la Madre de Jesús. Dime, ¿no te conmueve este pensamiento? ¡Pensar que somos sus hijas! ¡Oh!, qué alegría experimento al pensar que muy pronto vendrá a buscarme y me llevará en su compañía.“

 

“Mira, Amor mío, yo me voy a descansar; en el sagrario te dejo mi corazón: que te ame siempre sin cesar..., y cuando yo vuelva mañana por él, que me lo entregues hecho un ascua de amor..., y que este amor sea sólo para Ti y para tu Madre y mi Madre la Virgen Santísima... Cuando mi corazón esté dispuesto de esta suerte, entonces envíame cruces y penas, que todo lo sufriré con alegría... Mas, si un instante de mi vida he de dejar de amarte, ¡oh! entonces, quédatelo; no me lo devuelvas, pues no lo necesito más que para emplearlo en tu amor.”

 

“Mare, Mare meva!”, “¡Madre, Madre mía!”